Hablar de gastronomía andaluza sin hablar de producto es quedarse en la superficie. El aceite de oliva, las verduras de temporada, el pescado de lonja o las carnes de ganadería cercana son la base real de esta cocina.
El producto local no es una moda ni un reclamo comercial. Es una necesidad histórica. Durante siglos, la cocina andaluza se ha adaptado a lo que ofrecía el entorno inmediato, desarrollando recetas pensadas para sacar el máximo partido a ingredientes concretos y disponibles.
Hoy, volver al producto local implica también una decisión ética. Apostar por productores cercanos significa apoyar economías rurales, reducir intermediarios y mantener vivas formas de trabajo que están en riesgo de desaparecer.
La calidad de un plato empieza mucho antes de entrar en la cocina. Empieza en el campo, en el mar y en las personas que cuidan el producto. Entender esto es clave para entender la gastronomía andaluza.